
Soledad en hombres gais: lo que dicen 295 respuestas
Siete de cada diez no sienten que pertenecen a ningún sitio
Entre enero y mayo de 2026 preguntamos a 295 hombres gais adultos cómo estaban. No cómo les iba en el trabajo ni si tenían pareja: cómo estaban. El índice de bienestar salió 50 sobre 100, y el dato que nos paró en seco fue otro: el 73 % dijo que no siente comunidad.
Siete de cada diez. En un colectivo que tiene barrio, banderas, fiestas y un mes entero al año.
Lo que salió al preguntar
El estudio medía ocho áreas de la vida adulta. De las ocho, solo una salió en positivo: el cuerpo, con un 61. El resto quedó por debajo.
Ese contraste es la foto entera. Somos un colectivo que ha aprendido a cuidar muy bien lo que se ve y bastante mal lo que no. Sabemos entrenar. Sabemos vestirnos. Sabemos entrar en un sitio y que no se nos note nada. Y luego llegamos a los cuarenta con la agenda vacía un martes.
No es la soledad de no tener planes
Aquí es donde casi todo lo que se escribe sobre esto se queda corto.
La soledad de la que hablan esas 295 respuestas no es no tener con quién salir. Mucha de esa gente sale. Tiene grupo de WhatsApp, queda los sábados, va a cenas. Lo que describen es otra cosa: estar rodeado y que nadie sepa cómo estás de verdad.
Es la diferencia entre conocer gente y tener vínculo. Conocer gente en el ambiente es facilísimo: hay apps, hay locales, hay eventos cada fin de semana. Construir un vínculo adulto —alguien a quien llamas un martes por la tarde porque ha pasado algo— es otro deporte, y para ese no hay infraestructura.
Por qué pasa, y por qué no es culpa tuya
Esto es lo que llevamos ocho años observando y es la parte que casi nadie dice en voz alta: no se construyó infraestructura para la amistad, se construyó para el deseo.
Piénsalo. Todo lo que existe para que dos hombres gais se encuentren está diseñado alrededor de ligar. Las apps ordenan a la gente por distancia y foto. Los locales abren de noche y con música alta. Las fiestas están pensadas para que pasen cosas, no para que alguien te cuente cómo va con su padre.
No hay nada malo en eso. El problema es que es lo único que hay. Para el deseo hay autopistas; para la amistad adulta, ni un camino de tierra. Ese mecanismo lo desarrollo entero en por qué cuesta tanto hacer amigos gays de adulto.
Y encima se junta con tres cosas más que sí son específicas:
El armario tardío. Si saliste a los treinta y muchos, llegaste cuando los grupos ya estaban hechos. Los demás llevaban quince años construyendo amistades mientras tú administrabas un secreto.
El momento raro. Le escribes a un tío que te cae bien para tomar algo y ninguno de los dos sabe si eso es una cita. Esa ambigüedad frena más amistades de las que parece.
La vida hetero de tus amigos. A los cuarenta se te vacía la agenda y nadie avisa. Tus amigos de siempre tienen hijos, hipoteca y un fin de semana que ya está lleno. Lo específico de esa edad lo cuento en hacer amigos gays después de los 40.
Volvamos al 73 %
Ese número no dice que siete de cada diez hombres gais estén solos. Dice algo más incómodo: que siete de cada diez no sienten que pertenecen a ningún sitio.
Pertenencia no es tener conocidos. Es saber que hay un grupo donde puedes aparecer sin avisar, contar algo que no te deja dormir y que nadie se reacomode en la silla. Es un sitio donde no tienes que demostrar nada, ni cuánto entrenas, ni cuánto ganas, ni lo bien que estás.
Eso no se encuentra: se construye. Y se construye con repetición, no con intensidad.
Lo vemos cada edición. Alguien llega un jueves sin conocer a nadie, con esa incomodidad de los primeros veinte minutos, y el domingo se va con cinco teléfonos. No es que el fin de semana haga nada por su cuenta: es que durante tres días ha compartido mesa, caminata y silencios con las mismas personas. Ese es todo el secreto, y es bastante menos glamuroso de lo que parece: tiempo, repetido, con la misma gente.
Lo que este estudio no dice
Prefiero decirlo yo antes de que lo diga otro. Son 295 respuestas de gente que ya nos seguía o había pasado por algo nuestro. No es una muestra representativa de todos los hombres gais de España, y quien te diga que la suya lo es probablemente tampoco la tiene.
Lo que sí es: un dato propio, recogido durante cinco meses y con el respaldo de la Dirección General LGTBI+ del Gobierno de España. No conocemos otro parecido hecho aquí. Lo demás que se publica sobre soledad en el colectivo son artículos de opinión, consultas de psicólogos o titulares que citan estudios estadounidenses de hace diez años.
Un dato imperfecto y declarado vale más que una intuición bien escrita.
Lo que sí mueve el número
En ocho años y veinticuatro ediciones del Retiro, lo que hemos visto funcionar se repite tanto que ya es aburrido:
Contextos que vuelven, no eventos sueltos. Una fiesta buenísima no crea un amigo. Un martes a la misma hora durante tres meses, sí. La amistad adulta necesita reincidencia.
Sitios donde ligar no sea el propósito. No porque ligar esté mal, sino porque cuando ese es el marco, todo lo demás se lee a través de él. Cuáles son, en concreto, lo reuní en dónde conocer amigos gays, y si vives en Madrid, en dónde conocer hombres gais en Madrid.
Decirlo en voz alta. «Estoy buscando amigos» es una frase que cuesta muchísimo decir y que funciona muchísimo. Casi todo el mundo que la dice se encuentra con que el otro llevaba meses pensando lo mismo.
Tiempo compartido a la luz del día. Caminar, comer, hacer algo juntos. Casi todas las amistades adultas que vemos nacer empiezan a una hora en la que no hay música.
Preguntas frecuentes
¿Es normal sentirse solo teniendo amigos? Sí, y es el caso más habitual. La soledad adulta suele ser de profundidad, no de cantidad: gente alrededor con la que nunca se pasa de la superficie.
¿Por qué cuesta más entre hombres gais? Por tres cosas que se suman: el armario tardío deja fuera de los grupos que se formaron antes, la ambigüedad entre amistad y deseo frena los primeros pasos, y casi todos los espacios del colectivo están diseñados para ligar y no para vincularse.
¿Cuánto tarda en construirse una amistad adulta? Meses, no semanas. Y depende más de cuántas veces coincidas con esa persona que de lo bien que te caiga el primer día.
¿Ir a terapia lo arregla? La terapia ayuda con lo tuyo y hay quien la necesita. Pero la falta de comunidad no es un problema individual: es de contexto. Se arregla cambiando dónde y con quién pasas el tiempo.
Si te has reconocido en algo de esto
Probablemente no eres el raro. Eres el 73 %.
Llevamos ocho años montando los contextos que no existían: retiros de varios días, un Camino, clases de baile un martes por la tarde, encuentros sin apps. Si quieres saber qué pasa exactamente dentro de uno y qué no, lo cuento en qué es (y qué no es) un retiro para hombres gais.
Nada de eso arregla nada por sí solo. Lo que hace es ponerte delante de compañeros que llegaron por lo mismo que tú.
Fabri

